• Olga San Martino

Viva el pensamiento positivo



Con la llegada de las vacaciones, que para la mayoría, son entre julio y agosto, tenemos más tiempo para pensar y profundizar en aspectos de nuestra vida. Hoy, os propongo un artículo, sobre las ventajas del pensamiento positivo, para tener material con el que trabajar estas vacaciones.


El pensamiento positivo es una de las principales herramientas psicológicas para poder estar bien. Aunque un 50% de nuestro carácter está determinado por factores genéticos; y un 10%, por nuestro entorno, hay un 40% de nuestra manera de ser, que depende de nosotros, de nuestra actitud ante lo que nos sucede. Es a este 40% al que van dedicadas las técnicas de pensamiento positivo y en el que debemos trabajar. Ver la vida en positivo vale la pena: nos ayuda a ser más felices y a vivir más años con mejor salud.


Es bueno saber que, ESTAR MÁS CONTENTA hace que estemos MÁS SANAS. Ser positivas protege nuestra salud. Se ha demostrada la acción beneficiosa, de las actitudes positivas, sobre el sistema inmunológico. Esto a su vez, predispone a tener menos problemas neuroendocrinos, inflamatorios y cardiovasculares.

El pensamiento positivo, no es una postura tontorrona, superficial o inconsistente frente a la vida. Es la práctica de actitudes vitales conscientes que favorezcan la positividad.


Actitudes que favorecen la positividad

  • Cada uno de nosotros, podemos cambiar los pensamientos, podemos aprender a tener pensamientos positivos y encarar la vida de forma optimista. Tú, i también yo, puedes modificar tu forma de pensar y con ello mejorar tu vida.

  • Buscar el lado bueno de cada momento o circunstancia. En la mayoría de las situaciones confluyen tanto aspectos positivos como negativos. Se trata de poner el foco en extraer lo positivo incluso de las cosas negativas, en encontrar algo bueno siempre, en cualquier circunstancia de la vida. Por ejemplo: te has roto un brazo y no puedes ir a trabajar ni puedes hacer nada. Piensa que es una oportunidad de tener un tiempo para ti, en el que poder descansar y dejar que los demás te cuiden.

  • Concentrarse en la solución. Cada vez que nos encontremos ante una situación que nos parece difícil, en lugar de darle vueltas al problema, lo que no nos llevará a ningún sitio más que a la desesperación, mejor concentrarse en buscar una solución e intentar definir los pasos que nos permitan alcanzarla. En general, ponernos metas (siempre que estas sean realistas) nos da una perspectiva más positiva en la vida y nos impulsa a seguir adelante.

  • Aceptar la realidad tal como es. La vida es como es. Hay muchas cosas que no dependen de nosotros. Por ejemplo, el clima, las opciones políticas de tu familia, lo cretino que pude ser tú jefe/a…a. Si el problema o lo que nos preocupa es algo que no podemos cambiar, asumámoslo y aceptemos que la vida a veces es así. No tiene sentido desperdiciar energía preocupándonos o lamentándonos. Pensar en ello continuamente lo único que hará es frustrarnos aún más.

  • Viva el gris. Abandonemos los pensamientos polarizados, es decir, del todo o nada. Las cosas no son solo blancas o negras; entre ambos extremos hay muchos matices de gris. Las actitudes extremistas y rígidas no llevan a ninguna parte. Siempre hay matices, tonos, gamas, variables. Todo puede ser bueno y malo a la vez.

  • Fuera la culpa. Evitemos personalizar hasta el punto de pensar que somos las únicas responsable de todo lo que pensamos que sale mal. Tampoco somos tan importante y además no sirve para nada. Por ejemplo: si tu hijo suspende, no es culpa tuya por ser mala madre, sino que es el que es un vago.

  • La queja no ayuda. La queja constante fortalece la cadena de pensamientos negativos. Las personas que se quejan son cansinas, pesadas y aburren al personal. Si pensamos en términos destructivos o negativos es más fácil que se hagan realidad. Si no paramos de repetimos “que fea soy”, “soy muy poco atractiva”, “nadie me mira, soy invisible” al final efectivamente te conviertes en invisible y poco atractiva.

  • Visualizar los logros futuros. La visualización positiva es una técnica útil para “positivizar” el pensamiento. Se trata de imaginarnos consiguiendo lo que deseamos (entender a tu madre, aprobar un examen, saber relajarte,...). Hemos de imaginar cómo lo haremos, como nos vamos a sentir cuando lo logremos, lo bien que vamos a estar. Este proceso, de visualización positiva, ayuda a cambiar el chip, aumenta la seguridad y favorece el buen rollo personal.

  • Cultivar un estado de ánimo positivo. Realizando actividades que nos gustan y que nos provoquen alegría, satisfacción, dicha... Ver una película divertida, tomar un café con una amiga o jugar con los hijos son cosas sencillas y cotidianas que potencian el optimismo. Reflexiona por la noche sobre todo lo bueno que el día te ha ofrecido y apunta en una libreta cinco cosas que te hayan hecho feliz esa jornada (la llamada de un amigo, un beso de tu hijo, una conversación cómplice con tu marido…) y piensa en ellas. Te sentirás bien.

  • Rodearse de gente positiva y saber torear a las personas negativas y aguafiestas. Como las sonrisas o los bostezos, el optimismo y el pesimismo también son contagiosos. Y si no podemos eludir al quejica de turno, procuremos tomarnos sus comentarios con humor.

Ala; a pensar y a mejorar nuestra actitud vital.

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