• Olga San Martino

Combatir la negatividad



Llega el verano, el buen tiempo, los días más largos y nuestro estado de ánimo es más alegre y positivo. ¡Qué bien! me encanta esta época del año.

Es un periodo de tiempo, en el que es más fácil ser positivas y felices. La luz, el sol y las vacaciones favorecen el buen rollo personal.

Hoy quiero hablar de la adicción a la negatividad, que es todo lo contrario al buen rollo. Así podemos estar alerta y prevenidas para que no nos pase.


Todos conocemos a alguien que tiende a ver las cosas desde un prisma negativo. No sabemos por qué, pero cada vez que estamos con esa persona notamos como nuestro estado de ánimo empeora y nuestras ganas de huir se incrementan. Estas personas, no suelen darse cuenta de lo poco que gustan a quienes las rodean. Su pesimismo es contagioso y provocan que, a la larga, los demás tiendan a alejarse de ellos. Su forma siempre pesimista y trágica de ver las cosas resulta agotadora y muy poco estimulante.

!!Vaya, que no son para nada las amigas ideales!!


Sabemos que la vida perfecta no existe, siempre hay días buenos y días malos, pero aun así, la mayoría de nosotros somos capaces de disfrutar plenamente de nuestra vida imperfecta. No queremos, ni nos gusta, que nos recuerden las cosas malas que hay en el mundo.


Existen miles de razones para dar gracias por la vida, si las ignoramos nos convertimos en seres desagradecidos y por ende, empeoramos nuestra calidad de vida.

Así que, aquí tenéis una lista de características de la adicción a la negatividad.



Puedes ser una persona adicta a la negatividad si:


1. Te preocupas por tonterías

Las personas adictas a la negatividad se ahogan en un vaso de agua. Cualquier mínima cosa, puede ser un gran problema. Por ejemplo: "es un drama no tener la casa en perfecto estado de revista"


2. No vives en el presente

Eres incapaz de vivir el momento, pues siempre estas sufriendo por lo que pueda pasar o viendo lo negativo de lo que ya ha pasado.

En vez de disfrutar del día a día, te lo amargas pensando en el futuro.

No sabes dar a cada cosa su justa importancia y tiendes a exagera todo lo malo.


3. Ignoras lo positivo

Da igual si se ha tenido un día fantástico en el trabajo, si te han hecho un regalo o si has recibido una buena noticia. Solo te centran en aquellas partes de tu vida que no te gustan, ignorando por completo los momentos buenos que experimentas.

Al ignorar lo positivo, no tienes conciencia de su existencia y cuando reflexionas, llegas a la conclusión, lógica con tu percepción, de que eres muy infeliz, que todo te sale mal y que tienes muy mala suerte.

¿Eres la típica persona, que lo tiene todo, a todos los niveles y dice "todo me ha salido y me sale mal y soy muy desgraciada"?

¿Eres incapaz de ver el Sol a través de las nubes de tormenta, pero sí te fijas en la única nube que hay en un cielo presidido por un sol resplandeciente?


4. No cuidas tu felicidad.

Sientes que estas atrapada en ese bucle de desgracias, que tu propia mente manipula y esto te hace infeliz y refuerza tu visión negativa del mundo.


5. Te cuesta mucho aceptar un cumplido

Si alguien te lanza algún piropo o cumplido, reaccionas mal. Puedes creer que los demás se están riendo de ti, cuando en realidad solo quieren ser amables. Tu autoestima suele verse afectada por tanta negatividad y cualquier comentario halagador lo puedes considerar una ofensa.


6. Solo hablas de tus problemas: difícilmente hay en tu cabeza espacio para los de los demás

Cuando hablas con los demás, tienes tendencia a expresar lo mal que te va la vida, de forma repetitiva y te olvidas de interesarte por cómo se sienten los demás. Te cuesta escuchar y piensas que lo tuyo siempre es peor. Esta falta de empatía provoca enfrentamientos con los demás, sobre todo cuando se sobrepasa un límite. Como es lógico, esta necesidad de desahogarse continuamente, resulta bastante cargante para la gente de tu alrededor.


7. Estas muy pendiente de la opinión de los demás.

Le das demasiada importancia a lo que los demás opinen de ti. Cualquier comentario despectivo te afecta de una forma alarmante.

Tienes tendencia a basar la opinión que tienes de ti misma, en opiniones ajenas, carentes de objetividad, lo que te puede llevar a ser insegura y dependiente.


8. Puedes llegar a ser muy desconfiada.

Las personas adictas a la negatividad, en general, pueden ser “muy paranoicas”. Una risa fuera de lugar o una mirada furtiva, hace que pienses que están hablando mal de ti. Esto fomenta que empieces a comerte el coco y a pensar que todo el mundo te tiene manía y no te quiere. A su vez esta creencia, favorece que te sientas reforzada en la idea de que a ti todo te sale mal y el mundo es un lugar horrible.


“Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos” - Buda
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