• Olga San Martino

ESTRÉS.La epidemia de nuestra época



Hola de nuevo y feliz año 2019.


Hace unos días leí una entrevista en el periódico La Vanguardia, que le hacían a Víctor Vidal, médico del Trabajo e inspector de la Seguridad Social, donde afirmaba: “El hombre está en peligro de extinción, entre otros motivos porque ha normalizado el estrés y no entiende que le está matando”.


Estas afirmaciones me impactaron y pienso que un buen propósito para este año es dedicar atención a este tema.


Las enfermedades del estilo de vida

En la civilización occidental las principales causas de muerte se deben a enfermedades crónicas como las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, hipertensión, etc.) y el cáncer.


Para muchos de estos tipos de trastornos, se ha sugerido el concepto de enfermedades del estilo de vida. Existen numerosos factores de riego característicos del estilo de vida de nuestra sociedad que constituyen importantes fuentes de estrés, como el paro y la precariedad laboral, los hábitos insanos de alimentación (consumo excesivo de bollería alimentos procesados, azúcar...) o los hábitos tóxicos como el tabaquismo, el sedentarismo o la falta de ejercicio físico.


Estos factores a veces son causa o consecuencia, a veces ambas cosas. El resultado es un nivel continuado de sobre-activación (exceso de adrenalina y cortisol liberados en sangre día tras día) que acaba afectando a nuestra salud de forma directa (aumento continuado de la frecuencia cardíaca) o indirecta (promoviendo conductas no saludables, como los atracones de comida).


Antes de la invención de la penicilina, en la primera mitad del siglo XX, nuestro mayor enemigo invisible eran las bacterias. Hoy, con los avances de la medicina y el empleo masificado de las vacunas, la principal amenaza es el estrés, pues en las sociedades avanzadas causa más muertes y sufrimiento que los virus y las bacterias. Tanto es así, que la OMS, en octubre del 1990, estimó que estas enfermedades del estilo de vida eran la causa del 70-80% de las muertes prematuras en los países industrializados.


La depresión, la ansiedad, la hipertensión esencial, los accidentes cerebro-vasculares, los tumores, los accidentes de tráfico, las alergias, los infartos de miocardio, las quejas psicosomáticas y muchos otros problemas de salud podrían, hasta cierto punto, ser considerados como enfermedades o trastornos del estilo de vida por su asociación con el estrés psicosocial.


El filósofo indio Jiddu Krishnamurti dice: “No es signo de buena salud estar perfectamente adaptado a una sociedad profundamente enferma”.


Cómo nos afecta el estrés

La sobrecarga que supone el estrés para el cuerpo no actúa de forma específica, predisponiéndonos para una enfermedad en particular, más bien nos deja en un estado de indefensión, mermando la capacidad general de nuestro cuerpo de regenerarse, defenderse y recuperarse, haciéndonos más vulnerables.


Los sucesos menores, las “pequeñas contrariedades” como por ejemplo el típico atasco en la carretera en hora punta, forman el gran grueso de pequeños eventos estresantes del día a día. Al contar con la fuerza de la costumbre, estas incomodidades del día a día pasan a formar parte de nuestra rutina, las incorporamos como algo habitual, normalizándolas, y respondemos menos a estas pequeñas complicaciones que a los grandes cambios vitales.


Se piensa que este tipo de estrés diario, por su impacto acumulativo, podría constituir una mayor fuente de estrés que los grandes cambios vitales y sería mejor indicador de la alteración de la salud, particularmente de los trastornos crónicos.


Síntomas físicos que puede provocar el estrés

1. Dolor de cervicales

Casi un 50% de las personas con estrés crónico sufren este síntoma. Y es que la zona cervical, cuando se vive bajo una tensión continuada, tiende a agarrotarse ante cualquier situación: una discusión, un pequeño contratiempo... También ocurre con otros músculos de la espalda.


De hecho, el estrés provoca que muchas personas vivan “eternamente" contracturadas.


2. Caída del pelo

El estrés puede alterar la absorción de oligoelementos y aminoácidos básicos y estrechar las arterias, limitando la circulación en el cuero cabelludo.


3. Problemas digestivos

El aparato digestivo es muy sensible al estrés. Esto se debe a las comunicaciones bidireccionales existentes entre el cerebro y el tracto gastrointestinal. Esta interacción se produce a través de vías neuroendocrinas como sistema nervioso autónomo y el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal. Así, el estrés altera funciones gastrointestinales como la permeabilidad, la motilidad, la sensibilidad visceral, el flujo sanguíneo, las secreciones y, también, la microbiota (o flora intestinal).


Las consecuencias son: aumento de la acidez, diarrea, estreñimiento, formación de gases (flatulencia)...


4. Alteraciones del sueño

Unos niveles altos de cortisol mantienen a la persona en un estado de alerta tal que dificultan la relajación y, por tanto, cuesta dormirse. De hecho, el estrés está detrás del 85% de los casos de insomnio, y las mujeres de entre 40 y 49 años son las más afectadas.


Además, el sueño no es reparador, porque el estrés afecta a la fase REM, que es la fase del sueño más profunda.


5. Mayor irritabilidad

Esto se debe a que el estrés constante hace que se genere menos dopamina, la hormona del bienestar. En esa situación, casi cualquier contratiempo puede hacer que perdamos un poco el control.


6. Problemas en la piel

Un eccema o una urticaria también puede ser una respuesta a una situación de tensión mal controlada y es que el exceso de cortisol en el cuerpo estimula la liberación de histamina, que puede acabar provocando estos trastornos dermatológicos.


Además, reduce la producción de colágeno y elastina, las fibras que dan elasticidad a la piel, provocando mayor flacidez.

La adrenalina también provoca que empeore el acné.


7. Sensación de pérdida de memoria

El cortisol que se genera con el estrés reduce la actividad del hipocampo del cerebro, el área donde se “gestionan y se consolidan los recuerdos.


Ya hemos visto que las consecuencias del estrés son múltiples, afectando a varios niveles (físico y psicológico), manifestándose de forma muy diversa tanto en su forma como en su severidad. Gran parte de esta sobrecarga de estrés está vinculada a nuestro particular estilo de vida y está en nuestra mano llevar a cabo cambios para reducir esta influencia nociva para la salud.


Seguiré hablando del tema.

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